Los pandilleros volvieron a atacar nuestra casa durante la noche

Esta noche un grupo de inadaptados volvió a despertarnos a los piedrazos profiriendo palabras soeces y amenazas contra nuestra integridad física.


Pero el rápido accionar de la Policía Departamental los sorprendió en plena acción y logró desbaratar los intentos de allanamiento de nuestra morada.

Si bien fue necesario correrlos nuevamente con herramientas de trabajo, para que desistieran de sus objetivos primarios, la presencia policial los hizo escapar como ratas, metiéndose en la oscuridad y amparándose en domicilios de sus familiares, para escapar de la acción policial.

El hecho ocurrió nuevamente cerca de la 11,30 de este jueves 2 de mayo(*), cuando mi familia y yo dormíamos.

Lo primero que escuchamos fue una lluvia de piedras sobre el techo, una modalidad similar a la del último ataque ocurrido el domingo pasado.

El número de pandilleros esta vez era menor, calculo entre ocho y diez, cuya particularidad es la de utilizar capuchas y gorras que ayudan a ocultar su fisonomía.

En las corridas por las calles de barro alcancé a individualizar a uno de ellos que se metía raudamente a la casa de su abuela doña Francisca Pereyra; una buena mujer del barrio que tiene a su hijo, Daniel Olivera, padre de este joven, encarcelado por hechos vinculados con robos violentos.

Más tarde ya con la presencia policial, que incluso nos sorprendió hasta a nosotros mismos, por la velocidad en que arribaron; una mujer que dijo ser la madre de uno de los atacantes salió a increparme por haber corrido a su hijo, que "nunca tiró piedras".

Lo extraño, del caso es que nadie en ningún momento habló de ataque con piedras hasta este momento en que escribo estas líneas. 

La mujer de apellido Ruíz Díaz salió a defender a su hijo interponiéndose entre éste y la policía apoyados por otro muchacho que me espetó "vos te defendés con la policía".

Al ver que las Fuerzas de Seguridad ya habían tomado el control del operativo, decidí retirarme a mi casa mientras mi mujer y mi dos hijas eran llevadas al hospital Robinson, por la patrulla policial para ser atendidas y alojadas allí, hasta que los nervios vuelvan a templarse.

A diferencia de lo ocurrido el domingo pasado, la patrulla policial estuvo continuamente haciendo recorridas por las calles del asentamiento, para disuadir a los pandilleros, que posteriormente se fueron refugiando en sus lugares habituales.

Así como hemos criticado la inacción de la Departamental 1° en el episodio anterior, es bueno también reconocer que si no fuera por la rápida intervención de anoche, los vándalos habrían logrado sus oscuros objetivos contra mi familia.

Pablo Lugo.

(*) Donde dice este jueves 2 de mayo; debería leerse este miércoles 1° de mayo.
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