Dos muertos, ni una morgue (opinión)

Con las recientes noticias dramáticas donde dos ciudadanos de Mocoretá resultaron muertos por diferentes motivos, volvimos a recordar la precariedad en que se encuentra el edificio al que mal llamamos morgue.


Los fallecimientos de Braian Galeano cuyo cuerpo estuvo por más de 24 horas depositado en ese edificio, nunca mejor nombrado, de mala muerte; y de Ignacio Farinón cuyo cuerpo apareció ahorcado a orillas del Timboy, volvieron a traer a la palestra la situación de absoluta precariedad del sistema de conservación de cuerpos del poder judicial para realizar las operaciones de autopsias.

Es una constante a lo largo del tiempo la desidia del sistema judicial, al que parece importarle muy poco la conservación de las pruebas para determinar las razones de los decesos de personas, que en vida pagaron sus impuestos para que ese sistema judicial pueda mantenerse en el lugar que está. Ni hablar de la desaprensión que demuestra el poder judicial con los deudos, quienes tienen que soportar el olor de los cuerpos de sus familiares cuando entran en estado de putrefacción sin que puedan hacer nada.

Siempre que algo así pasa la precariedad del sistema hace que los familiares de las personas muertas monten en cólera y siempre se les responde lo mismo "es lo que tenemos", como si eso fuera todo lo humanamente posible de hacer. Si fuera así no alcanza.

La morgue no cumple la función que debiera eso está claro, pero lo peor es que hay que esperar al médico forense que viaja desde Paso de los Libres y se toma su tiempo para arribar al lugar donde normalmente lo espera un cadáver sobre una mesa de material rústico cuyas patas son unos caños cloacales de cemento rellenos con material de hormigón, colocados verticalmente y por debajo de esa "mesa" de operaciones un balde viejo que solía ser de pintura, que se utiliza para contener los líquidos corporales que seguramente luego serán tirados en el parque del hospital.

Un hospital de campaña tiene mayor infraestructura que ese maldito edificio de mala muerte. No hay derecho, nada justifica la falta de inversiones que traigan un mejoramiento al tema. Monte Caseros aporta una importante suma de dinero al gobierno provincial por las regalías de Salto Grande se habla de una suma que oscila en los 150 y 215 millones de pesos y siempre estamos relegados en obras que mejorarían substancialmente nuestras vidas, o muertes en este caso.

Por otro lado pareciera que el brazo del Estado provincial es demasiado corto porque las obras siempre son anunciadas pero a la hora de las realizaciones no pasan del centro de la provincia. Podríamos imaginarnos un Estado provincial con una gran cabeza que piensa y dice todo lo que va a hacer y que luego por tener brazos cortitos las obras necesarias caen siempre en los mismos lugares.

Así en todos los ordenes, llámese salud, educación, seguridad o justicia. Volviendo al tema de la morgue desde el caso del asesinato del "Chori" Villalba ocurrido en Diciembre de 2013, pasando por la muerte que, aún no se explicó, de Matías Martínez de Mocoretá en Octubre de 2015 y estos dos casos recientemente sucedidos, las situaciones se repiten, los reclamos también, pero nada a cambiado demasiado. 

Como en un chiste de mal gusto el fiscal Soto se alegraba de que ese galpón al que llaman morgue, ahora cuenta con iluminación interna que permite al forense trabajar en horarios nocturnos. La justicia tiene una deuda con la sociedad casereña que paga sus sueldos, sería bueno que comience a saldarla y realice las obras necesarias para que ese edificio algún día se convierta en una verdadera morgue y evite a los deudos la traumática angustia de sentir como se pudren los restos de sus seres queridos, agregando más padecimiento al dolor ocasionado por la pérdida.

Pablo Lugo.
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